El mito del 'casi terminado': Delphi y la gestión de recursos
En el año 2000, tras haber dejado resuelta mi salida de Supermercados CODI, ingresé en el grupo empresarial Grupo Plaza. En aquel entonces estaba formado por tres empresas: Antenas Plaza, Plaza Sistemas (a la que yo pertenecía) y Plaza Climatización.
El programa sólo necesitaba un repaso de chapa y pintura
Tenían un desarrollo en Delphi al que, según me dijeron, le faltaban un par de detallitos por pulir, pero que ya estaba prácticamente terminado.
El primer día me senté en el ordenador, abrí el proyecto y esperé pacientemente a que cargara. Al ejecutarlo, me recibió un error de falta de memoria. El programa colapsaba el sistema por falta de recursos nada más arrancar.

El pecado de la Carga Ansiosa
Nada más revisar el código quedó claro: el software intentaba instanciar todos los formularios al inicio. Aplicando Lazy Loading —instanciar solo bajo demanda y liberar al terminar— el programa pasó de ser un ladrillo a una herramienta fluida en cuestión de minutos. Este patrón de error lo volvería a ver años después en infraestructuras mucho más grandes.
Trabajo de campo
Como a finales de los 80 y principios de los 90 fui profesor de AutoCAD, la empresa me pidió que les echara una mano con la elaboración de planos y la optimización de su flujo de trabajo. El equipo humano era fabuloso, y fue un verdadero placer colaborar con ellos.
También realicé algunos proyectos de ICT, que posteriormente eran revisados por el Ingeniero de Telecomunicaciones o el Ingeniero Jefe.
Impartí varios cursos al personal de instalación. Eran técnicos con una calidad profesional impecable, pero estaban entrando en el mundo de las redes y necesitaban apoyo en la parte de software para terminar de entender cómo funcionaban ciertos procesos.

"Para eso está el ordenador"
Mis recuerdos de esta empresa son muy buenos. El personal era por lo general joven y alegre, y el entorno de trabajo era ameno y divertido.
El único problema que encontré fue una desavenencia con el jefe administrativo —quien, además, era quien me contrató y quien me pagaba—. Se quejaba de que no veía los avances que esperaba en el módulo de servicios, especialmente en la elaboración de presupuestos. Si había que instalar una antena, él quería que el programa adivinara los metros de cable necesarios:
— "No puedo presupuestar sin saber los metros", dije.
— "Para eso está el ordenador", respondió.
Aprendí que el software es un multiplicador de la inteligencia, no una bola de cristal. Si la lógica de negocio no es realista, el código es papel mojado.